Editorial Boletín II
Editorial
BOLETÍN SER-IAC. Volumen 1, Número 2, 2025
Editorial - La Restauración como Política
La Restauración como política,
El término restauración ha venido ganando cada vez más espacio en los textos de las políticas públicas, en documentos como las contribuciones nacionalmente determinadas para el cumplimiento de los objetivos de París, los planes nacionales de adaptación, las estrategias ante el cambio climático, los planes nacionales forestales e incluso en planes de desarrollo de los sectores agrícola y pecuario. Poco a poco, el término se asoma también en planes nacionales de desarrollo y en planes de desarrollo municipal o departamental, entre muchos otros instrumentos de política, pero también vemos ya diversas estrategias o planes nacionales de restauración, con variados énfasis, ya sea hacia los ecosistemas naturales, los paisajes de uso múltiple o los enfoques productivos.
El término restauración, de manera rebelde y caprichosa, se escapó del ámbito académico hace ya varios años, y empezó a manifestarse de manera confusa, nada ortodoxa, adaptable y poco rigurosa, en planes de reforestación, ya sea monoespecífica y exótica, o diversa y nativa; en sistemas agroforestales y silvopastoriles, en apuestas de agricultura o ganadería regenerativas, en mejoramiento urbano, y de vez en cuando, en la recuperación de ecosistemas originales. De esta forma ha logrado atraer cada vez más fondos, ya sea de la cooperación internacional o de todo un contingente de inversores privados, ansiosos de mostrar su aporte a la mejora del planeta.
Investigador, Unidad de Acción Climática Coordinador Académico de la Maestría en Manejo y Conservación de Bosques Tropicales y Biodiversidad del CATIE. Miembro de la Junta Directiva de la Sociedad Ecológica de Restauración en Iberoamérica, la Red Costarricense de restauración ecológica y la Comisión Nacional de Sostenibilidad Forestal de Costa Rica. Presidente del directorio de la Red Latinoamericana de Bosques Modelo.
Hoy hablamos de los negocios de la restauración, que en buena medida impulsan esta evolución vertiginosa del término desde su encierro en la teoría ecológica hacia un mundo de posibilidades en ámbitos políticos, financieros y de la sociedad en general. Quienes hoy construyen, promueven y ejecutan esas políticas “de restauración”, no tienen muchas veces idea de lo que es un ecosistema de referencia, o de los matices entre remediación, recuperación o rehabilitación.
El reto aquí va mucho más allá de verificar un uso adecuado de términos técnicos, de calificar, aprobar o validar determinada intervención en un sitio desde la perspectiva del investigador, el reto es tratar de incidir en que esta intensa construcción de políticas, asignación de recursos financieros, técnicos y humanos, realmente contribuya a la mejora ambiental de nuestros países, y a tratar de detener la destrucción de ecosistemas naturales que avanza hasta hoy a ritmos de millones de hectáreas arrasadas cada año, y a pérdidas invaluables de biodiversidad y de servicios ecosistémicos esenciales para la supervivencia.
Hasta hoy, los compromisos de restauración asumidos por países y organizaciones latinoamericanas son ambiguos en cuanto a lo que se espera realizar y lograr en cada hectárea intervenida a lo largo del tiempo. De hecho, el largo tiempo que requiere todo proceso de restauración para estabilizarse o consolidarse, y los costos de mantenimiento intrínsecos, son temas poco comprendidos y mal abordados en los discursos y en las mismas políticas.
Hasta hoy, los compromisos de restauración, que son enormes en cuanto a cantidad de hectáreas que se pretende intervenir, no alcanzan a compensar bajo ningún escenario la pérdida irreversible de ecosistemas en la región. Peor aún, algunas apuestas políticas para el fomento de la llamada “restauración”, pueden terminar siendo motores involuntarios de degradación ecosistémica. En Latinoamérica, los ecosistemas naturales siguen aun siendo entendidos como ”tierra desocupada”, que no aporta flujo de caja para gobiernos nacionales o locales, ni para las comunidades que siguen colonizando estas áreas, y el fomento de sistemas agroforestales o silvopastoriles puede darse muchas veces a expensas de la eliminación los ecosistemas originales.
La Iniciativa 20×20 de restauración para América Latina y el Caribe, que aspira a ser el acuerdo de promoción de la restauración ecosistémica por excelencia para esta región, de manera integrada con procesos como el Reto de Bonn o el Decenio de la Restauración declarado por las Naciones Unidas, celebró este mes de abril su Cumbre Anual de Socios en Puerto Varas, Chile. Se reunieron ahí representantes de gobiernos latinoamericanos, principalmente de ministerios de agricultura y de ambiente, representantes de ONG internacionales, nacionales o locales y de fondos de financiamiento, de la empresa privada y también representantes de la academia.
Se discutió en ese foro sobre los avances en las políticas de restauración de paisajes, sobre como las mismas se vinculan con los compromisos nacionales ante los convenios globales; se analizaron herramientas técnicas para orientar o monitorear las acciones de restauración, para caracterizar sus beneficios; se presentaron rutas para canalizar inversiones públicas y privadas; se discutió sobre la responsabilidad que deben asumir los esfuerzos de intervención en los ecosistemas en materia de equidad e inclusión, sobre la participación de mujeres, jóvenes, diversas culturas y grupos vulnerables en la construcción de los procesos pero ante todo en la obtención de beneficios generados por los mismos.
Se discutió sobre rutas para que las grandes inversiones que hoy están realizando la cooperación internacional, los fondos privados y los gobiernos nacionales, se canalicen hacia procesos efectivos no solo en la intervención real en grandes extensiones de tierras degradadas, sino en una intervención que optimice el uso de los recursos hacia el logro efectivo de la recuperación de funciones ecológicas y servicios ecosistémicos, hacia la adaptación climática, una intervención técnica y científicamente guiada, que contemple el manejo adaptativo de largo plazo que debe canalizar todo plan de restauración o rehabilitación.
La comunidad científica y académica cercana a temas ecológicos, no puede controlar esta ebullición de acciones políticas y legales, de la administración pública, del mundo financiero, de representantes de los más diversos ámbitos de gobernanza, de gremios productivos, de comunidades y culturas, pero debe buscar con más intensidad que nunca, rutas de comunicación efectivas para aportar conocimientos relevantes para la toma de decisiones, para el diseño de procesos tan retadores pero a la vez esperanzadores como las cadenas de valor vinculadas a mercados responsables, que constituyen hoy oportunidades potentes para la recuperación de antiguas y nuevas funcionalidades de los ecosistemas que, de alguna forma, son hoy todos antrópicos.
Con los nuestros mejores deseos, desde la Junta Directiva de SER-IAC, les invitamos a participar en esta iniciativa.

